01 / Tu amiga consigue el lugar
Feliz por ella. Triste por lo tuyo.
Maya te escribe para contarte que le dieron el lugar en el estudio de arte que tú también habías pedido. Le mandas una felicitación sincera. Y dejas boca abajo el teléfono con tu correo de rechazo.
Felicidad: ella lo deseaba desde hace años.
Tristeza: tú querías la misma oportunidad.
Tu decepción no demuestra que tu felicitación fuera falsa.
02 / Las cajas ya están listas
Con ganas de mudarte. Triste por irte.
En el nuevo apartamento cabe tu escritorio. La taza del último té con tu vecina está en el suelo de la cocina.
Entusiasmo: la vida que puedes empezar allí.
Tristeza: la compañía de cada día que vas a extrañar.
Las dos emociones vienen de la mudanza, pero de partes distintas.
03 / Por fin terminó el proyecto
Alivio. Y decepción.
Cierras el último archivo después de un mes de quedarte hasta tarde. El trabajo está entregado, aunque el equipo quitó la parte que más querías hacer.
Alivio: se acabaron las correcciones a medianoche.
Decepción: al trabajo terminado le falta algo que te importaba.
Terminar algo no te obliga a sentir solo orgullo.
04 / Una exigencia injusta
Rabia. Y miedo.
Tu jefa te pide trabajar un fin de semana sin paga y deja entrever que, si te niegas, eso jugará en tu contra.
Rabia: la exigencia te parece injusta.
Miedo: te preocupa lo que pase si dices que no.
Dos emociones desagradables también son una mezcla. Ponerles nombre no vuelve aceptable la exigencia.